2009 Barrio El Torrejón (Huelva)
Me costó tomar una decisión
no sabía muy bien que rumbo tomaría.
Y aunque es lo mismo, cambió la situación,
acertijos que te va poniendo la vida.
Anduve despistada, desorientada, no sabía que hacer
y el mundo seguía tentando con su prosperar y ascender.
Pero ya voy, ya voy, ya voy,
ya voy rumbo abajo
con los que buscan ser sin saber que ya son
lo que siempre buscaron.
pero ya voy, ya voy,
ya voy rumbo al mar,
donde las olas de la injusticia se tragan al que no sabe nadar.
En un cruce de caminos dudé,
no tenía claros mis objetivos y dudé.
Estaba cansada, insegura y desorientada
pero sopló una suave brisa y en ella pude comprender.
Y ya voy, ya voy, ya voy,
ya voy cumpliendo un sueño:
el de reconocerme cada vez más en lo pequeño.
Pero ya voy, ya voy, ya voy
ya voy rumbo al mar,
no sé por qué pero allí siento que es donde se encuentra mi hogar.
Al Decrecimiento, a la Simplicidad Voluntaria, al Evangelio, a todas las personas de buena voluntad que pueblan el planeta, pero, sobre todo, a quienes “buscan sin saber que ya son lo que siempre buscaron”.
Desde pequeñas/os nos enseñan a relacionar los conceptos crecimiento y desarrollo con tener y ascender socio-económicamente. De tal manera que nuestro sistema social se sostiene sobre la firme convicción de que la prosperidad y la felicidad tienen que ver con el dinero.
Pero como seres sociales que somos, por mucho que soñemos con la gloria y la riqueza material, nuestra felicidad siempre estará desapercibidamente conectada con la suerte de los demás. Por tanto, ¿de qué sirve perder tanta energía en ascender, si la clave de nuestra felicidad está en el ser “con” los demás?
No es lo mismo subsistir que existir. No es lo mismo el individuo que la persona.
Mientras que el crecimiento material y el bienestar estén sustentados sobre el sufrimiento y la injusticia de alguien, la riqueza o el poder adquisitivo nunca nos traerá la paz. Viviremos con un subconsciente endeudado.


